domingo, 2 de diciembre de 2007

Para que vean mujeres incredulas


El hombre despierta aquella mañana con una tremenda cruda. La noche anterior se habí­a pegado una parranda fuera de casa.... bebió como un loco, ni siquiera se acordaba como habí­a regresado a su casa.


Preso de un dolor de cabeza lacerante, dolidos todos los músculos del cuerpo, la garganta más reseca que lengua de loro; en la boca un sabor a cobre y vinagre.


Tení­a miedo aún de abrir los ojos pues lo esperaba, de seguro, la encabronada de su vieja.


Abrió los ojos como pudo, y lo que vió lo deja loco. Sobre la mesa de noche estaba una pequeña hielera, llena de cubitos de hielo, con un par de cervezas bien frí­as. Al lado, habí­a un par de Alka-Seltzers y un vaso de agua. Recargado en el vaso estaba un sobrecito perfumado; el tipo anonadado abrió el sobre y en su interior halló un recado que decí­a:


'Amor mío, vida de mi vida: Perdona que no esté aquí­ para atenderte'... 'Salí­ un momento, pero regreso al rato para estar contigo. Te he dejado estas cosas sobre la mesita para que alivies el malestar que quizá sientas después de la borrachera de anoche'..

' Te he preparado un caldo como a ti te gusta, pollo y res, que te espera en el comedor. Le pedí­ a nuestro hijo que te lo sirva y que esté pendiente de ti, Te dejo un beso con todo mi amor. Tu esposa que te adora'


El hombre no daba crédito a sus ojos. Bebió con deleite las dos cervezas bien frías, se bañó, se vistió y bajo al comedor. Ahí­ en efecto lo esperaba su hijo, que lo saludó con cariño y le sirvió el caldo preparado por su madre.


Se lo comió en silencio, y el asombrado Padre pensó....'aquí esta sucediendo algo?' Soñaba acaso? ó ¿Era aquello una vana ilusión de los

sentidos?


Entonces se atrevió a preguntar con timidez: Qué pasó anoche, hijo?
Llegaste a las 3 de la mañana y vení­as en completo estado de ebriedad.
Chocaste el carro en la puerta del garaje; le diste una patada al gato; te vomitaste en la sala y arruinaste la alfombra que mi mamá acababa de comprar, te measte en el closet.
Luego te caí­ste en la escalera y ahí­ quedaste privado, sin sentido.
Tuvo que despertarme mi mamá para que la ayudara a llevarte a la cama'.


y '¿Entonces? -pregunta el señor- ¿por qué todo esto? ¿por qué las cervecitas y el amoroso recadito, y el tremendo caldo y todas estas finas atenciones'.
Responde el muchacho: -
'Porque mamá te iba a desvestir en la cama y cuando empezó a bajarte los pantalones tu dijiste:


¡QUIETA PERRA!!! ¡QUE SOY CASADO!!!'.

No hay comentarios.: