martes, 12 de agosto de 2008

En los celos que es lo normal.

Los celos siempre dieron alimento a la literatura, al teatro y al cine desde antes y después de “Otelo”. Tener celos es un estado natural de los seres humanos, sobre todo de los seres humanos enamorados. Es más, hay quienes necesitan que su pareja los cele un poco para sentir que son amados. Y es lógico.

No es lógico, en cambio, que la mujer llegue a las dos de mañana, con elmaquillaje corrido y cara de sueño, y el tipo sólo le pregunte si la noche estaba fresca. Ahí se demuestra que no hay cariño, porque se cela por el temor natural de perder lo querido y eso es normal, común y necesario.

Pero, todos sabemos que los celos tienen un límite, y luego de esa frontera se pasa a un estado enfermizo. Lo no tenemos en claro es cuál es ese límite y, además, tampoco sabemos si nosotros mismos somos celosos normales o estamos paranoicos. Por ejemplo, pongámonos a pensar: ¿tenemos celos cuando nuestra mujer va al gimnasio con su personal trainer y también cuando va a cortarse el pelo con su peluquero preferido? ¿Somos celosos de sus compañeros de trabajo, pero además tenemos celos de su modisto? ¿Nos ponemos celosos si es fanática de un rockero, y también la celamos cuando quiere hacer amistad con bailarines de ballet? Si esto fuera así, tendríamos que pensar en pedir hora en el psiquiátrico más cercano. Los celos, sobre todo los celos excesivos, vienen por falta de confanza en la pareja. Eso se justifca cuando la mujer que usted eligió de pareja es muy atractiva, tiene una carita seductora, pechos erguidos, una cintura breve y caderas de ensueño. Pero, en el caso de que haya elegido como pareja a un horrible loro y la cele, además de ser una falta de confanza, en usted se le agrega una falta de buen gusto y sentido común.

El tema de los celos da para todo y la psicología no se va a perder tan lindo tema. Es más, siempre un buen psicólogo encuentra interpretaciones rebuscadas para todo, porque nos remiten a nuestros deseos más profundos y oscuros, aquellos inconfesables o desconocidos, y siempre le dan una vuelta de tuerca a los temas. Cualquier psicólogo preguntaría: ―¿No será que los que celan mucho en el fondo están deseando que les metan los cuernos?

Es que la ciencia siempre se encarga de ponernos contra la pared y dejarnos sin salidas con preguntas que jamás imaginábamos que nos harían.

O sea, que algo tan natural como los celos, terminan teniendo connotaciones enrevesadas, cuando en verdad pueden ser cosas muy simple. Veamos: las mujeres que son celadas continuamente y aun así meten los cuernos, ¿lo hacen por malas? Tal vez no; quizás lo hagan para que sus queridos maridos no sientan que estuvieron celándolas al divino botón. Es decir, que en el fondo lo hacen ―vaya explicación― por cariño al cornudo. Todos los seres humanos somos celosos; algunos sin motivos, pero otros con motivos reales, como es el caso de los marineros, que tienen que ausentarse de hogar demasiado tiempo. Usted me dirá: ―Los marineros, al tener un amor en cada puerto, disfrutan de la vida... Es cierto. Pero también es verdad que, a los marineros, los cuernos se los ponen en un solo puerto.

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